Me apoyo en el cristal y cierro los ojos. Voy pensando que qué bien que vuelvo a casa otra vez, que me quedo hasta el viernes, que qué habrá hecho mi madre de cenar y en lo rápido que me he acostumbrado a ir de un lado para otro sin apenas pensar. Me voy quedando dormida despacito. Me arrulla el motor y el tembleque del cristal me mece.
Voy dejando que se mezclen lo que hay a un lado y a otro de la fina cortinilla que nos separa de los sueños y es así es como… La hostia!! ¿Y esos colores tan raros? La cámara del móvil!!
Así ha salido la foto esta tarde en algún lugar entre Madrid y Segovia.